viernes, 30 de junio de 2017

“SARGENTO McKENZIE”


Es increíble como ocurren a veces las cosas. Tengo claro que mi cerebro no es el “deep blue” aquel que ganaba partidas de ajedrez a los grandes maestros con solo mirar el tablero, pero si sé, porque me conozco, que tengo la curiosa capacidad de buscar y retener “in mai main” datos y fechas que aunque solo sirvan para jugar al Trivial Pursuit a mi me parecen importantes.

Soy uno de esos aficionados a las comedias americanas de situación y  familiares, a las que una vez que les pules los paternalistas mensajes morales de protestantes blancos y negros (afro-americanos), les puedes sacar algún rendimiento más allá del simple entretenimiento.

Últimamente vivo enganchado a una llamada “The Middle” que versa sobre una familia media del medio oeste norteamericano, de ahí lo del nombre supongo. Total, no me voy a alargar con los vericuetos de esta serie porque para eso está la tele, así que iré al grano, pues bien resulta que uno de los protagonistas que hace de hijo menor, sufre un problema grave de socialización, de déficit de atención, autismo y síndrome de turé a partes iguales amén de una enfermedad física de los huesos que si que es real, pues la sufre el actor que lo interpreta. Brick Heck que así se llama el personaje es un niño algo huraño que pasa la mayor parte de su día consumiendo libros de todo tipo aunque prefiere la de universos imaginarios, algo muy razonable teniendo en cuenta el mundo en el que su mente vive. Lo que realmente me llamo la atención del pequeño Brick es que siente una gran pasión por un personaje al que admira hasta el punto de disfrazarse de él en Halloween e inventarse raps homenajeándole, “el Sargento Mckenzie”.

Y de ahí viene lo que dije al principio sobre lo increíble de cómo ocurren las cosas. Me puse a buscar en Internet algo sobre el tal Mckenzie pensando en un primer momento que saber algo sobre el me podría hacer ganar en el futuro un quesito rosa de espectáculo y entretenimiento o uno marrón de literatura, cuando cual fue mi sorpresa al descubrir que si me hacia ganar en alguna de las categorías trivialeras seria en el amarillo, porque resultó que el personaje era alguien real e histórico.

El sargento Mckenzie fue un héroe de la primera guerra mundial olvidado como tantísimos otros, un hombre cuyo heroísmo roza el nivel de superhombre, de esos de manual en los que como primera norma dice que se debe ser capaz de dar la propia vida por los demás siendo eso lo que hizo, dar su vida por salvar a uno de sus soldados cuando iba a ser bayoneteado en el suelo por un alemán, se interpuso entre los dos recibiendo el en su pecho a la bayoneta mortal muriendo en el acto. Lo curioso es que murió después de regresar al frente contraviniendo la orden de sus doctores que  recomendaron amputarle el brazo en el que había recibido una herida de bala poco tiempo antes negándose a ello y alegando que debía volver al frente con sus hombres, todo un personaje el escocés.

Y como la posterioridad es tan cruel con los hombres como epilogo decir que si se conoce hoy en día la figura del haighlander no es por los hechos de su vida y su muerte directamente sino porque su bisnieto Joseph Kilna Mackenzie, hundido de dolor por la muerte de su esposa debido a un cáncer y mirando una foto que tenia de su bisabuelo encima de la chimenea escribió el  poema épico titulado “SARGENTO McKENZIE”, un canto a la paz y a la vida como pocos.

Mi afición a las series americanas y  la admiración de un niño “extraño” me llevo a conocer uno de los episodios más bellos en cuanto a altruismo, valor, honradez y dolor de la historia y admito que desde hoy dedicaré un día al año a rezar por todos esos hombres que como el Sargento Mckenzie dieron lo que más apreciaban, sus vidas, por defender lo que mas apreciamos, las nuestras.